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Cuentos y Leyendas para compartir

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Cuentos y Leyendas para compartir

Aqui se trata de compartir una narración propia o escuhada pero con sus propias palabras; también pueden ser anecdotas, instantaneas personales, situaciones vividas o presenciadas.,

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Última actividad: Dic 17, 2017

LA LAGUNA ENCANTAD (Cuento Regional o Leyenda)
En cierta región, de la selva tropical del amazonas, vi-vía un viejito, llamado Jacinto; que tenía una casita, en medio del campo, y a orillas, de una hermosa laguna: de aguas ver-des y cristalinas, rodeada de hermosos árboles, de plantas y flores silvestres.
Allí también, habían hermosas palmeras; dispuestas y erguidas alrededor de la laguna; que decoraban, -caprichosamente el paisaje.
Y una verde vegetación, alucinante y fantástica, con grandes variedades de especies y clases desconocidas, de plantas; que lo invitaban a uno, -a soñar y a deleitarse.
Y, había también animales silvestres, como patos y aves; y algunos animales salvajes como guasos, hurinas y jabalíes.
Y este señor, era el único dueño de esas tierras. En las que, parece que la naturaleza se había esmerado mucho; haciendo de esta región, -un verdadero paraíso.
Pues aquí, había, en abundancia: agua dulce, carnes y frutos silvestres, como no los había en ningún otro lado.
Y, en este pequeño lugar, había de todo lo necesario, para vivir y ser feliz. Y solo, se iba al pueblo; -a comprar: -balas y ropa.
Y que lo único, que a uno le podían faltar, eran: el azúcar, la sal y el jabón de lavar.
Pues todo lo demás, le proveía la naturaleza; incluso, las verduras y los cereales; pues él, los cultivaba y sembraba en su propia huerta.
Pero Don Jacinto, como, así se llamaba este señor. Se quedó muy sólo, en su casa, después que murió su espo-sa; porque, su único hijo: Gumersindo, que se había ido al pueblo a vivir, con unos tíos; cuando aun tenía, tan solo: seis años; para ir a la escuela, y después, se quedó, -a vivir allí.
Pero ya, Facundo, era un hombre hecho y derecho, y estaba casado; y tenia su propia familia: su señora y su hijo; por eso tal vez, venía muy poco a ver a su padre.
Incluso, ni se enteró de la muerte de su madre, cuan-do esta murió. Por eso, su padre, que estaba muy enfermo; estaba preocupado; -porque el no venía, y, ya hacía de esto; -bastante tiempo.
Don Jacinto, que ya había cumplido los ochenta años, se sentía muy enfermo. Y por eso pensaba que tenía pocos días de vida y quería hablar con su hijo urgente antes de morir.
Por eso, ante la primera oportunidad que tuvo, cuan-do pasó por allí, por su casa, un caminante. Le pidió a éste, que le dijera a su hijo; que le pide que viniera urgente, por-que estaba muy enfermo, y quería verlo antes de morir, -porque tenía algo importante que decirle.
Y efectivamente, cuando Gumdo vino a verlo,(Así le decía su padre, porque el se llamaba Facundo.), lo encontró en la cama en sus últimos momentos, -y escuchó que le dijo:
-Hijo mío, me alegra que hayas venido; -yo me estoy muriendo, y por eso te he hecho llamar...porque quiero dejar-te esta casa y estas tierras, pero sobre todo, porque quiero recomendarte que cuides de la laguna que tenemos cerca de la casa; como si fuera una amiga tuya.
Por favor, que nadie la moleste, ni la ensucie; pues ella, es una gran amiga mía. Y lo será igualmente de vos, si me prometes cuidarla y respetarla.
-¡Si, te lo prometo!. le dijo- Gumdo.
Gracias, hijo; -le dice el viejo-, y dicho esto, cerró los ojos y murió.
Pobre Don Jacinto, no tuvo tiempo de decir nada más. Y se murió llevándose el secreto de la Laguna, a la tumba .
Gumdo se hizo cargo de velarlo y enterrarlo; y des-pués se fue al pueblo a buscar a su familia; para traerla a vi-vir a esta casa, que ahora era suya.
Después de comunicarle a su esposa, la muerte de su padre, y que el, les había dejado su casa y sus tierras; ambos decidieron irse a vivir allí; -al rancho que ahora era suyo.
Así que alquilaron varias carretas, y prepararon su mudanza; llevando todas sus pertenencias y también sus animales domésticos.
Gumdo tenía una esposa muy mala y maliciosa llama-da Ruperta, y un hijo pequeño llamado Mauricio(pero que sus padres le decían Mauro); Mauro, tenía como 6 años, y era un niño muy bueno y cariñoso.
Los primeros días en la nueva casa fueron muy tran-quilos, pues todos estaban muy ocupados: Gumdo, trabaja-ba en la tierra, sembrando y juntando frutos y leña, que des-pués llevaba a la ciudad para tener algo de dinero para com-prar las cosas que no le daba la tierra, como ropas, zapatos, frazadas, etc.
Ruperta, ocupada con los quehaceres de la casa, como la limpieza, la comida y el cuidado de los pequeños animales domésticos como pavos, gallinas, patos, el perro y los caballos;
Mauro, ocupado en correr por el campo y disfrutar de los baños en la laguna, con su perrito Colita. Todo parecía fe-liz;
todo era alegría, nada perturbaba esa paz y esa armo-nía que reinaba entre los animales y la naturaleza.
Pero algo iba a ocurrir aquel día, que iba a romper la paz y la tranquilidad del lugar; aquella mañana que Gumdo se levantó muy temprano porque iba a ir al pueblo; su señora se ofreció a acompañarlo porque quería, según le dijo, hacer algunas compras.
Ya en el pueblo, Ruperta fue a buscar a un señor que criaba cerdos; pues quería comprarle unos chanchitos para criarlos, pues a ella se le había puesto que le hacían falta pe-ro de esto no le había dicho nada a su esposo; así, que cuando su esposo apareció, ella le mostró los chanchos que había comprado, para llevarlos a la casa.
A Gumdo no le pareció nada bien, esta idea de su esposa; así que le pidió que los dejara, pero su esposa, le di-jo que no los dejaría y que ella se iba a encargar de cuidar-los; así que al final el esposo accedió de malas ganas.
Cuando estuvieron en la casa, Gumdo se tuvo que abocar a construir un chiquero para los chanchos y cuando los tuvo encerrados, se sintió mas aliviado, y se fue a des-cansar.
Al otro día el incidente estaba olvidado, y así fueron pasando los días y los meses y los chanchitos crecieron y un día rompieron las cercas y se escaparon y se metieron a la laguna y como esto les gusto se le escapaban continuamen-te, y la laguna fue cambiando de color, entonces Gumdo quería encerrarlos de nuevo, pero su mujer no lo dejaba, - y le decía: ¡déjalos, no ves, como están contentos los pobres, les hace falta bañarse.
Hasta que una noche Gumdo tuvo un sueño, y escu-cha una voz que le dice Gumdo...Gumdo..., no dejes que los chanchos sigan ensuciando mis aguas porque me hacen da-ño, una y otra vez; y al despertarse al otro día; se levanta muy inquieto y preocupado
y le cuenta a su esposa...
Esta le dice, -no hagas caso, es solo un sueño. Y Gumdo no le hace caso y se olvida, pero a la otra noche, vuelve a soñar, lo mismo; y escucha en su sueño, que al-guien le dice: -Gumdo... Gumdo...cumple la promesa con tu padre, ¡ayúdame!, -no dejes que me hagan daño; el, se des-pierta, y asustado se levanta y le cuenta a su mujer; pero ella, por incrédula o por soberbia, le dice: -no, hagas caso- deja dormir...y dicho esto, ambos se durmieron, de nuevo.
Y así sucedió...de nuevo, en la tercera noche; él vuel-ve a soñar, pero esta vez recibe una advertencia, sino los en-cierras me tragaré a tus chanchitos; entonces él, se despier-ta más asustado que la noche anterior, y despierta a su es-posa, y le cuenta su sueño;
esta, le dice nuevamente, no hagas caso, duerme, es solo un sueño... y el le escucha y duerme; y al otro día, ni se acuerda de la advertencia y se va a trabajar.
Desde ese día ya no tiene mas sueños pero notan que se empiezan a perder los chanchos, los patos y todos los animales; y los que le quedan, se empiezan a morir de a po-co, de toda clase de pestes; entonces la mujer se da cuenta, y enojada le dice a su esposo, debe ser un bicho o un animal dañino que vive en la laguna, el que nos ha traído una maldi-ción; yo lo mataré, y así me vengaré de el.
Entonces, él se acuerda de la advertencia de la laguna y le dice...es ella, la laguna que esta enojada con nosotros, -yo te decía que le hagamos caso; es entonces, que más eno-jada su mujer le dice:
-ya va a ver esta señora laguna;
-lo que le voy ha hacer, -la vá a curar de espanto.
Y al otro día, la mujer se levanto muy temprano y se fue al pueblo a hacer unas compras; porque le habían con-tado algunos vecinos, que en esa laguna vivía desde hace tiempo, una víbora inmensa, que todos la llamaban: -el jichi de laguna, y que era seguro que ella, era la que se comía a sus animales;
además le habían contado, que poniéndole a la la-guna alumbre, azufre y sal en suficiente cantidad, el bicho se iba a morir; así que ella, no dudo mas; y se compro varias bolsas con esos productos y las llevó hasta su casa.
Y así lo hizo, la necia mujer, sin pensarlo nada mas, ni medir en las consecuencias; y empezó a echarle las bol-sadas de sal, azufre y alumbre a la laguna; y esta de pronto empezó a hervir, y ha moverse y levantar humo; y el cielo se empezó a nublar, como si fuera a llover;
y ella, entonces, asustada -corrió a la vivienda a refu-giarse; y en ella encontró a su hijito que dormía y a su espo-so que ya había regresado de su trabajo.
Afuera de la casa, la tempestad seguía, cada vez mas fuerte; el viento soplaba con violencia;, pero las aguas de la laguna, de pronto empezaron a crecer y a gemir de dolor;
la lluvia se desató torrencialmente; y luego se levan-taron unas olas enormes... que iban desde la laguna hacia la casa; envolviéndola... arrastrándola... y llevándose, -a su pa-so; la casa, y todo lo que en ella había.
Fue terrible, en esos momentos, y ocurrió de todo; pe-ro luego, cuando, ya no quedaba nada; empezó a calmarse la tempestad y las aguas se retiraron;
luego, salió el sol, y el día se puso sereno y claro; pero de aquel lugar, maravilloso; -ya no quedaba nada, -absolutamente nada: ni casa, ni animales, ni laguna...ni nada. Solo un profundo silencio, que cortada los oídos, parecía ex-tenderse en el ambiente.
-¡De pronto!, en medio de ese silencio, tendencioso, se escuchó el llanto de un niño; que agarrado a su perro es-taba aferrado a un árbol; en medio del lodo y las hojas que lo cubrían.
Era Maurito, cuya inocencia lo había salvado. Unos viajeros que pasaban por el lugar, al ver al chico tan sólo y que lloraba; lo recogieron y lo llevaron con ellos. Porque él, -les había contado, que el agua se había llevado, a su casa y a sus padres.
Ha pasado el tiempo, y por ahí se sigue contando que a Gumersindo y a su esposa, se los comió el Jichi, de la la-guna; -porque sus cuerpos nunca fueron encontrados.
Y de aquellos paisajes, que fueron tan lindos; viendo hoy, -ya no quedaba nada; las plantas se fueron marchitan-do, y en el lugar que era la laguna; solo ha quedado: lodo, barro y pantanos; de ese lugar tan maravilloso solo ha que-dado el recuerdo...de un niño...

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Me llamo César Tellería Oliva, soy escritor de nacionalidad boliviano -argentino; nacido en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en el año 1.948. A la edad de 24 años, me radiqué en la Argentina, en la ciudad de Córdoba; Allí, formé mi familia y trabajé en muchas empresas y fábricas, trabajé en todo tipo de tareas y oficios, desempeñándose siempre con eficiencia. Tengo estudios de Ingeniería Electrónica y de Sistemas. Participé en varias luchas y reivindicaciones sociales. Actualmente, me propongo editar las Novelas "la Relatividad Social", y "El Capitalismo Social". La una, una doctrina política: Económico-Social, que propone un Gobierno mundial con leyes universales, para dar una solución a todos los problemas humanos: económicos y sociales. La otra, una propuesta económica teórica para la creación de los recursos necesarios para poner en marcha esta doctrina política. Entre otras obras escritas y sin publicar puedo mencionar. La Realidad Social, El Principio y el Fin, Pequeño Vagabundo, Inolvidable, Pasión Divina Pasión, Pobre Humanidad, Sinsabores, Tiempos Violentos, etc. Etc. Lo que yo espero de esta red, -es que todos podamosr intercambiar ideas y experiencias; y también que podamos aprender con las relaciones intelectuales, a ser más nobles, más dignos, y más humanos....
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